Tuesday, September 30, 2008

Roberto San Martin, en el Nuevo Herald....

Caminando con el viento en contra
ROBERTO SAN MARTIN

Madrid -- Estoy en casa... Lejos, al otro lado del Atlántico. No he sido afectado por ciclones, ni vientos huracanados. Mis ventanas siguen en su sitio y, si salgo a la calle, la vida continúa tranquilamente. A pesar de la sombra de la crisis todos sonríen, o no. Son felices, o no. Pero siguen su vida.

Yo, sin embargo, no dejo de pensar. Y tengo pensamientos amargos. Pienso en mi abuela que ya no reconoce a nadie, pero que siempre supo reconocer a los mentirosos. Sé que si ahora mismo no estuviera perdida entre las brumas del Alzheimer, estaría defecándose hasta en el cura por lo que está pasando en mi país. A veces creo que Dios es cruelmente sabio y le quitó la capacidad de enhebrar pensamientos para que pudiera ser feliz.

A los que no entiendo es a los que, con la misma edad de mi abuela, y sin la justificación del Alzheimer, oficialmente al menos, tienen el poder de decidir sobre las vidas de nuestros compatriotas y se mantienen fríos y lejanos de la crisis humanitaria que atraviesa mi pueblo. Como si ayudar a resolverla no fuera la responsabilidad de ellos.

No entiendo cómo es posible que rechacen directamente $6.8 millones en ayuda que están listos para ser entregados sin ninguna exigencia, ni requisitos, sólo porque vienen de Estados Unidos. ¿Cómo es posible que haya en mi país (que es más mío que de ellos) gente sin techo y pasando hambre (no frío por lo del eterno verano, pero hambre) y el gobierno que lo rige se dé el lujo de no aceptar la ayuda, escudándose en conceptos tan manidos como la dignidad y los principios?

¿Qué dignidad? ¿Qué principios? Un país donde la gente ya ha dejado de pensar en el mañana, donde el pueblo se ha anestesiado con humor para no ver como se caen a pedazos las horas de la ''gloriosa época'' que les ha tocado vivir, arrastrando con ellas trozos de sus vidas como actores (porque son los que actúan) en una película que se repite una y otra vez. Siempre con el mismo director.

Un país donde los policías te obligan a sobornarlos (si tienes c.u.c's) y los funcionarios de inmigración te negocian los permisos de entradas y salidas si eres de los privilegiados que pueden entrar y salir.

¿Qué dignidad y qué principios obligan al ciudadano de a pie, el que no tiene un familiar en el extranjero (o lo tiene, pero dejó de hablarle hace años, siguiendo los mismos preceptos ``revolucionarios''), a ver cómo su hijo llora porque la comida que tenían para él se echó a perder por falta de frío, sabiendo que estén esperando 240 millones de dólares en ayuda a sólo 90 millas, listos para ser enviados a salvarlo del hambre o la posible muerte? Porque hoy la muerte por epidemias o hambrunas es una realidad en Cuba gracias a la soberbia y la indolencia de sus gobernantes.

¿Por qué le ha tocado a este pueblo ser mártir? ¿Por qué tenemos que morirnos por alguien que al parecer no se va a morir nunca? ¿Qué principios tiene una autollamada ''Revolución'' (con mayúscula) que sabotea la vida de su gente, que tiende trampas y encarcela a sus hijos bajo la estúpida acusación de ser ''potencialmente peligroso''. ¿Peligroso para quién? ¿A quién puede poner en peligro una persona que canta? Y estoy hablando de Gorki, un roquero cuya historia incluimos en la película Habana Blues, cuando él estaba preso por una falsa acusación.

¿Qué principios tiene una revolución que no ha enseñado a sus artistas a ser solidarios? ¿Qué dignidad tiene una revolución que ha desterrado, literal y metafóricamente, a escritores, dramaturgos, actores, médicos y un larguísimo acompañamiento sólo por el hecho de ser, por ejemplo, homosexuales, para ahora promoverse como una revolución tolerante, que permite la unión homosexual, no el matrimonio, ¡que ya sería la hostia! ¿Ahora? ¿Después de 50 años?

¿Qué dignidad tiene un gobierno que no permite la crítica, un gobierno (el actual que es el mismo que el anterior) que dicho sea de paso no ha dado la cara en estos días en que los vientos han soplado en contra? ¿Qué dignidad y qué principios ha inculcado esta revolución si hoy nosotros, que estamos lejos y somos (según dicen sus líderes) ''un producto suyo'', no alzamos nuestras voces para denunciar esta trama criminal que puede segar la vida de montones de cubanos por la más estúpida soberbia?

Política basura contra un pueblo que vive día a día al límite de sus posibilidades. Que tiene que inventarse cada día una solución que le permita llegar al próximo minuto. No hay dignidad más grande que el respeto a la vida de una persona. Apelando a esa dignidad y esos principios yo, un simple actor, llamo a los artistas cubanos que están en el exterior a denunciar a ese gobierno criminal.

Un gobierno que juega con las vidas de nuestras familias. Un gobierno que no está haciendo nada para salir de esta crisis humanitaria que amenaza al país. Un gobierno que no gobierna. Impone. Que no consulta. Ordena. Y, sobre todo, que no actúa. Habla. Miente. Y espera nuestra muerte en silencio, para que no le molestemos.

No, intelectual, artista, compañero. Es la hora de que nos alcemos como lo que somos, la conciencia pensante de la patria y su cultura, que es lo único eterno. Alcemos nuestras voces en su contra y seamos, aunque no sea otra cosa, artistas muy molestos, que no van a callarse nunca más. Yo los invito, revolucionariamente.

Actor cubano, protagonista de la película `Habana Blues'.